Comparece Aznar en la Comisión del 11-M. Y habla poco de lo que provocó el 11-M y mucho de lo que condujo (a su jucio) al vuelco electoral del 14-M.
Esclarecer algo supone una tarea de deducción. Deducir es, más o menos, extraer, a partir de detalles, una conclusión general que contextualiza un asunto. Eso es lo que hace el detective, pongamos, Colombo. Va recogiendo evidencias y de ellas deduce una solución al enigma.
El político, al contrario que el detective, está más interesado en partir de conclusiones establecidas a priori. El político induce (aplica verdades globales a problemas coyunturales), rara vez deduce; porque nunca aborda un tema desde una situación desprejuiciada, sino desde los postulados de su ideología o su partido.
Por eso es difícil que una comisión formada por políticos esclarezca algo tan gordo como el 11-M. Ojo, eso no significa que sean los periodistas quienes deban asumir ese cometido. El periodista investiga, pero, sobre todo comunica verdades.
Otra cosa: ¿por qué usan los políticos tantos adjetivos? Un buen orador debería ser alguien capaz de expresar mensajes complejos de la manera más sencilla y sugerente posible, no trabando su dialéctica con tantos lugares comunes y con tantas calificaciones. Al adjetivizar la realidad con el fin de arrimarla a nuestro terreno, se corre el peligro de desfigurarla. Ya no es realidad, es perspectiva.
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