19 de septiembre de 2007

Raúl is knokin`on Luis doors

En busca de las buenas costumbres orilladas; trataré de calentar músculo, por ejemplo, con crónicas deportivas. La del inicio de Champions del Madrid, sin ir más lejos:




Le he leído a Segurola que el Madrid es ahora un equipo de fútbol puro y duro. Dice el cronista que eso contribuye a ver al mejor Raúl, que por fin retorna a su hábitat (el área) y no tiene que disfrazarse de abnegado barrenero para demostrar que es mejor que los galácticos que le rodeaban antaño. Vuelve a ser protagonista y le ha dado por llamar machaconamente a la puerta de Luis. No parará hasta que el Sabio se digne a abrir. Ayer volvió a recordar al Raúl de hace una década. Ratonero, participativo como siempre, letal en el área chica y siempre sabiendo leer el juego.

Fue, sin duda, el mejor de un conjunto que volvió a salvar un partido difícil en casa, sin alharacas pero con contundencia ofensiva y empaque. El Madrid cuenta, este año sí, con una plantilla completa y Schuster tiene tantas soluciones que cualquier choque que se enreda no parece un callejón sin salida. Esta campaña nadie brilla como Figo o Zidane, pero el equipo tiene al menos una docena de futbolistas por encima del ocho. Y eso se nota. Aunque el encuentro ante el Werder arrancó con el guión clásico de la Champions en el Bernabeu (arreones blancos, rival correoso que brinda un par de avisos frente a Casillas), al cuarto de hora ya parecía encarrilarse. Van Nistelrooy, perro viejo, se volcó a la banda entreviendo las carencias de un once sin carrileros. En una de esas, penetró en el área germana y puso un centro al primer palo que buscó y supo digerir Raúl. 1 a 0 y partido de cara. O eso parecía, porque no hubo tiempo para comprobar el buen tono del Madrid. En un embite de los visitantes, un balón llovido al área lo enganchó Sanogo ganándole a un Metzelder que conoce su oficio pero acarrea carencias. Vuelta a empezar para los de Schuster. Y la paradoja es que ahí despertó el Madrid, a pesar de que ni Guti ni Sneijder ni sobre todo Gago, llamados a templar el choque y a marcar el paso, estuvieron finos. Esa es la nota optimista de esta campaña para la grada blanca. Si uno o varios jugadores no rinden al cien por cien, el resto, sobre el terreno, cubre sus carencias. Y, si no, hay banquillo de sobra.
Quizás por eso, y como ya ocurrió en el último tramo del año pasado, por mucho que se empinen los partidos para el Madrid, da la sensación de que acabará remontándolos. pero hay una diferencia. Con Capello era una cuestión de fe: nada, salvo la inercia ganadora y la convicción de los futbolistas, hacía intuir las remontadas épicas del cuadro merengue. Este año hay más argumentos. Por eso, aunque la segunda parte del encuentro de ayer nació con el intercambio de golpes con el que arrancó el choque, el Madrid fue creciendo a medida que los germanos se parapetaban atrás y se encomendaban a los contragolpes dirigidos por un formidable Diego (hay que ficharlo) y los latigazos de Almeida. Schuster cambió a Higuaín y dio entrada Robinho; y antes de retirar del campo a Guti, le quedó tiempo al mediocampista blanco para hacer daño al centro de la zaga del Werder con un pase que recibió Raúl. Éste se giró rápido y asistió a Van Nistelrooy para que el holandés acertase, por fin, tras varias oportunidades marradas. El rival tiró la toalla y el tramo restante de partido quedó para los detalles. Primero: Drenthe se perfila como un"doce" para el Madrid. Jugará poco de inició pero aportará músculo en las segundas partes. Segundo: el Bernabéu se debate entre la ilusión por los fichajes y el orgullo por los símbolos recuperados. Unos, los personifica Robben. Otros, los encarna Raúl. La sustitución de ayer dio para comprobarlo. Será un buen año. Y culminará con el siete madridista entrando por la puerta grande en el vestuario de la selección.


Imagen: Realmadrid.com

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