Pages

23/7/09

About to happen


Hace unas semanas la embajada española en Londres otorgó el pasaporte español a siete de los últimos brigadistas internacionales británicos que aún viven y que en 1936 decidieron posponer sus vidas para matarse por un ideal. Me acordé de ellos al caminar entre algunas obras de The American Scene, una muestra del vastísimo fondo del British puesta en contexto para arrojar algo de luz sobre el desarrollo del arte pictórico de buena parte del siglo XX entre los yanquis.

Me dije, mientras saltaba de Bellows a Hart Berton y de él, claro, a Hooper, que lo que les movía a aquellos brigadistas es una común raíz optimista de que lo que hacían serviría para algo. En cambio, la marca del siglo XXI, lo que caracteriza a nuestra generación, es que hemos nacido tocados por el gen del escepticismo, un gesto altivo que brota de todas las malas experiencias de aquellas diez décadas que se quedaron atrás, teñidas de odio, sangre y frustración.

Casi puede entreverse esa tribulación en este vistazo, como una ojeada concisa pero para nada casual, que es The American Scene, un pellizco de la obra de todos esos pintores que protagonizaron la irrupción en el panorama artístico de una nueva tendencia. El XX es el siglo de Estados Unidos, y, en consecuencia, muchos de estos cuadros actúan como un espejo de lo que fue el desarrollo de Occidente en la primera mitad de esta centuria. Si esos primeros cincuenta años del siglo XX fueron la eclosión de la expectativa y el deslumbramiento frente a un futuro colmado de bondades, tras las dos guerras mundiales, los genocidios indiscriminados, la laminación del espíritu, el arte cambió para testimoniar la angustia, la perplejidad, el ansia o el temor por conocer qué nueva atrocidad nos tenía preparado el porvenir.

Y, mientras, este siglo XXI ha perdido la fe en el péndulo de los tiempos. Alguna lumbrera predijo el fin de la historia, como si la historia fuese algo que pudiera abarcarse, delimitarse, o siquiera etiquetarse. El arte ha de testimoniar la paradoja humana de vivir esta vida en este mundo. Si nada se espera de nosotros, si la historia se ha acabado, de qué pueden dar fe los artistas. Salvo excepciones ilustres, suicidas que se adentran en lo oscuro con los ojos abiertos, el arte de hoy está muerto porque entre todos nos hemos encargado de encajonarlo, de convertirlo en ocio, en consumo. En algo banal, de usar y tirar. El arte tiene que ser todo eso, claro, porque ese utilitarismo también está en nosotros. Pero tiene que haber algo más. Esperemos.

CC

Licencia Creative Commons
Un día más con vida-blog por Alejandro Mora se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 Unported.
Basada en una obra en undiamasconvida.blogspot.com.

comparte